Abril es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con lluvia de primavera. Al menos, para T. S. Eliot lo fue hace algo más de un siglo, en el otoño de 1922, cuando La tierra baldía vio la luz que no había sido capaz de hallar meses atrás en el inicio de la esplendorosa y floreciente estación primaveral.
Y, por desgracia, los tiempos no han cambiado mucho. La tierra no se cansa de acumular una serie de despropósitos que han convertido nuestro mundo en yerto solar no sólo en lo físico, sino también en lo moral y espiritual.
A fuerza de ser sincero, este abril es peor que aquel descrito por Eliot, el de los hombres huecos retratados en The Hollow Men. No me cabe duda. Las lecciones del paso de los años no han servido de nada a una humanidad sumisa, derrotada y arrastrada por el relativismo, la vileza e…
Autor: Emilio Domínguez Díaz
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